Entre los muchos tesoros de la ciudad de Venecia, existe
uno para descubrir con especial atención: es el
de la laguna, un patrimonio histórico-naturalístico,
pero también humano, de gran valor.
Murano: Es quizá la más famosa de las islas
de la laguna de Venecia. En ella se concentra la industria
del vidrio, un arte tradicionalmente pasado de padres
a hijos. Inevitable, pues, una visita a los famosos hornos,
a la basílica de San Donato (contemporánea
a la de la plaza de San Marcos) y, naturalmente, al importante
museo del viario
Burano: el encaje de Burano permitirá descubrir
los secretos y las maravillas “del encaje más
noble y más italiano”. Burano es también
la isla preferida por los pintores gracias a sus pequeñas
casas pintadas con vivos colores suspendidas entre el
azul del cielo y el verde de la laguna.
Torcello: es la antigua capital de la laguna de Venecia.
Hasta el siglo XVI fue uno de los primeros y más
florecientes centros habitados de la laguna. Ahora, para
recordar una época ya lejana, quedan dos joyas:
la antiquísima catedral y la iglesia de Santa Fosca